¿Por qué algunas cosas todavía te duelen tanto?
Hay reacciones, miedos y formas de relacionarnos que no comenzaron ayer. A veces seguimos respondiendo desde heridas que nunca aprendimos a reconocer.
En este estudio vamos a mirar cinco experiencias que pueden dejar marcas profundas en el corazón y descubrir cómo el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia pueden seguir influyendo en tu manera de pensar, amar y reaccionar.
Quizás entender la herida sea el comienzo de entenderte.
Puedes pasar años viviendo desde una versión de ti que nunca fue verdad.
Sentirte insuficiente. Necesitar aprobación. Compararte constantemente. Temer al rechazo. No saber realmente quién eres.
A veces no son simplemente inseguridades aisladas. Pueden ser señales de una identidad que fue formada por heridas, palabras y experiencias que terminaron teniendo más autoridad de la que debían.
En este estudio descubrirás cinco señales que pueden ayudarte a reconocer si tu manera de verte necesita ser confrontada y restaurada desde la verdad de Dios.
Porque no puedes vivir con seguridad mientras sigues creyendo una mentira acerca de ti.
¿Y si una parte de lo que te está destruyendo comienza en lo que repites dentro de tu mente?
Un pensamiento puede parecer pequeño, pero cuando lo creemos, lo repetimos y vivimos desde él, puede convertirse en una creencia, una reacción y finalmente en una manera de vivir.
En este estudio aprenderás a reconocer pensamientos que están alimentando miedo, inseguridad, ansiedad, culpa o patrones destructivos, y a confrontarlos con la verdad de la Palabra de Dios.
No todo lo que piensas merece convertirse en verdad.
Tal vez ya no estás hablando de lo que pasó… pero eso no significa que dejó de vivir dentro de ti.
Hay heridas que con el tiempo dejan de sentirse como dolor y comienzan a aparecer como desconfianza, dureza, irritabilidad, distancia o incapacidad para recibir amor.
En este estudio vamos a comprender cómo una herida no tratada puede convertirse en resentimiento y cómo el resentimiento sostenido puede terminar echando raíces de amargura.
Porque hay una diferencia entre haber sido herida y haber aprendido a vivir desde la herida.
Antes de que la cultura te dijera cómo debía verse una mujer, Dios ya había hablado acerca de ella.
Durante años hemos recibido mensajes sobre cómo debemos vernos, comportarnos, producir, competir, agradar y demostrar nuestro valor. Pero ¿qué ocurre cuando esos moldes comienzan a definirnos más que la verdad de nuestro Creador?
En este estudio volvemos al principio para descubrir qué revela la Escritura acerca de la mujer, su dignidad, su identidad, su propósito y el diseño que existía antes de todos los prototipos que el mundo intentó imponerle.
Mujer, tu diseño no lo decide la cultura.
¿Por qué puedes saber que Dios te ama y aun así sentir que nunca eres suficiente?
Puedes recibir cumplidos y no creerlos. Compararte aunque no quieras. Exigirte demasiado. Necesitar constantemente que otros confirmen tu valor.
La autoestima no se trata simplemente de “sentirte bonita” o repetirte frases positivas. Tiene que ver con la manera en que has aprendido a verte, cuánto valor crees que tienes y desde dónde estás construyendo esa percepción.
En este estudio vamos a confrontar la imagen que has construido de ti misma con una pregunta mucho más profunda:
¿Te estás viendo como Dios te ve?